
Porque la memoria de un niño es esencialmente fotográfica, el libro se compones de breves instantáneas que van desde la visita a la cárcel, el requisamiento por parte de la mujer policía a la abuela de grandes tetas blancas, el mecanismo ingenioso montado, llamado embute, para ocultar la imprenta desde donde se cocina el periódico Evita Montonera, la carta robada de Poe traducida por Baudelaire , la vecina rubia muy linda y sus zapatos de tacón, los conejos de ojos escarlata, los infaltables episodios escolares y el silencio, muchos episodios sobre el silencio y la negación.
En la novela de Figueras, Kamchatka, huir, callar y ocultar eran las reglas básicas para sobrevivir y el llamado de alerta "Zafarrancho de guerra" era la luz verde para desmontar una vida provisoria y armar otra , en una casa sin objetos propios y sin historias personales.
La vida de Laura ( la narradora de La casa de los conejos), la niña de 7 años, transcurre en un ambiente similar pero con indicios de una guerra en la que sólo unos pocos tienen armas y la mayoría de la gente: del barrio, la escuela, no sabe que existe o no lo quiere decir. Cada compañero que llega a la casa de los conejos trae siempre un comentario desalentador de asesinatos en la calle o simplemente de secuestros callejeros. En qué momento llegarán a la casa.
En la página 90 detuve la lectura y comencé a leer del final para atrás. Había algo en la trama que no me ayudaba a avanzar. Aplico varias veces este método y me da buenos resultados. Los últimos capítulos son los más esclarecedores y emotivos de la historia, pero esto lo decide cada lector, es sólo uno opinión.
Buscando información en la WEB di con un reportaje a la escritora muy singular. Ella apunta en un momento que la historia despertó varios recuerdo y creo que ese es el elemento principal de este libro: despertador de historias.










